El Señor San José entrega este mensaje a la humanidad a través de ‘Discípulo’, 10 de marzo de 2017

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El Señor San José entrega este mensaje a la humanidad a través de ‘Discípulo’, 10 de marzo de 2017

Ciudad de Bogotá, Colombia—Parroquia San Gerardo Mayela

[Comentario introductorio de ‘Discípulo’]

Yo, ‘Discípulo’ vi a San José que se acercó a mí para decirme algo. San José es un hombre de aspecto muy fuerte, de alta estatura, un poco más alto que yo.

Algunos creen que es un anciano con barba blanca, e incluso algunos hombres piensan que tuvo relaciones con la Santísima Virgen María, como cualquier matrimonio normal, pero mejor quiero escribir por orden de Obed—mi ángel de la guarda—lo que mi Señor quiere que escriba.

 

Mensaje de San José, Esposo de la Siempre Virgen María y Patrono de las Comunidades de Reparación y Desagravio

Yo soy José, el que con paternal amor eduqué a Jesús siendo niño-adolescente, en el amor al trabajo.

Él miraba como cortaba yo la madera y pegaba las juntas. Él aprendió muy pronto el uso de la herramienta de la carpintería; nunca faltó trabajo, incluso los miembros del Sanedrín y sus familias me pedían cierto tipo de muebles y Jesús me ayudaba cuando algo yo no entendía.

En Nazaret yo era conocido como José el Carpintero y mi Santa Esposa como la Esposa del Carpintero. En sus ratos libres, Jesús jugaba como cualquier niño con sus amigos, entre ellos Judas, quien lo entregó.

‘Discípulo’, escucha y escribe:

Hoy sólo vengo a pedir que dediquéis en todo el mundo todo un día, sí, por lo menos un solo día en agosto: vigilias, misas, rosarios y oraciones a Dios Padre.

Él quiere que en todo el mundo os olvidéis de fiestas paganas y que no efectuéis viajes, ni comprar ni vender, será para la humanidad un jubileo en el que será en todo el mundo consagrado al Corazón de Mi Padre, vuestro Padre. Apagaréis el televisor moderno y todo artefacto o aparato que os distraiga de la oración interior. Esos días no ayunarán, será como fiesta, darán de comer a los más pobres y abrazará cada uno a su prójimo diciéndole: “El Corazón de Dios Padre te proteja e ilumine, te de paz y te de consuelo”.

Cuando un sacerdote, un cardenal, haga y ordene esto, los pueblos serán grandemente protegidos de plagas, terremotos y toda clase de desastres naturales; entonces el ángel de la muerte mirará la Cruz que habéis puesto en vuestras casas.

“Sangre Preciosa de Cristo, sánanos, cúbrenos, libéranos, protégenos y sálvanos. Amén, amén, amén.

Yo soy José de Nazaret, el Carpintero y desde éste país bendigo al mundo entero.

Shalom, San José.